viernes, 15 de julio de 2016

TESTIMONIO DESDE BARCELONA



Marinero abandonado en tierra
    El centro Stella Maris de la Delegación de Apostolado del Mar de Barcelona ha sido galardonado con el premio Seafarers’ Centre of the Year 2016, que le reconoce como el mejor centro mundial de marinos. Una de sus grandes labores es acompañar a los marineros abandonados en los muelles
     Hasta hace cuatro años era habitual que, anualmente, un barco de carga fuese abandonado en algún muelle barcelonés. O bien porque tenía deficiencias que le impedían seguir navegando, o porque tenía más deudas que beneficios y los dueños entregaban el barco para hacer frente a los pagos. Esta situación podría parecer un mero trámite. Pero no existe un 902 al que llamar para que la grúa retire el barco. Y todavía peor: no hay nadie que lleve a los pasajeros a su casa. «La tripulación podía ser de cualquier parte del mundo, y los responsables los dejaban abandonados en el barco, sin alimentos y sin cobrar su jornal». Lo cuenta el diácono permanente Ricardo Rodríguez Martos, capitán de la marina mercante y delegado de Apostolado del Mar de la archidiócesis de Barcelona. Una de sus grandes tareas ha sido asistir a estos marinos «con compañía, alimentos y asistencia legal» para conseguir que les pagasen el sueldo y el retorno a casa.
       El último barco abandonado en el muelle catalán tenía un capitán pakistaní. «Estuvo más de un año y medio en el puerto. Recuerdo que venía llorando a nuestro centro Stella Maris –un edificio en la zona portuaria donde hay una capilla, varios despachos y una residencia para marineros– un par de veces a la semana para decirme que se iba a encadenar en el muelle». El apostolado marinero no solo acompañó a este hombre, sino que lo acogió en la residencia y «hasta mandamos dinero a Pakistán para una operación quirúrgica que necesitaba su padre, porque no le habían pagado la travesía y no podía hacer frente al coste».
      El capitán pakistaní era musulmán. «El diálogo interreligioso es una de las grandes patas de nuestro apostolado. Aquí atracan barcos de todo el mundo, y nosotros facilitamos el acceso a los marinos a los centros de cualquier confesión religiosa. Nos llevamos estupendamente con los ortodoxos, los anglicanos, los luteranos y los musulmanes», explica el delegado. Pero esta ocasión, el diálogo interreligioso fue un paso más allá: «Un día, aquel hombre me pidió una Biblia en inglés. Comenzó a venir por las tardes a mi despacho, y me preguntaba sobre los pasajes que no entendía».
      Ricardo Rodríguez Martos y el equipo de 36 voluntarios del Apostolado del Mar en Barcelona lograron, después de mucho esfuerzo, que el capitán cobrase casi todo lo que le debían y así regresar a casa. «Vino feliz a pedirme una bendición de nuestro Dios y a decirme que si había Apostolado del Mar en Pakistán se iba a hacer voluntario». Lo más curioso es que hace unos meses, cuatro años después de aquello, «yo estaba tranquilamente en el despacho y alguien llamó a la puerta. Era él. Me abrazó, se puso a llorar a lágrima viva y me confesó que había hecho escala ex profeso en Barcelona para saludar».
Premiados internacionalmente
     El pasado 24 de junio, el centro Stella Maris de Barcelona recibió el premio Seafarers’ Centre of the Year 2016, que le reconoce como el mejor centro mundial de marinos. El premio lo concede la International Seafarers Welfare and Assistance Network (ISWAN), que ofrece servicios de asistencia religiosa y secular a los marinos, y que trabaja para apoyar el bienestar de estos profesionales en todo el mundo. Bien merecido lo tiene tras un intenso año en el que los voluntarios de la delegación asistieron a 4.125 marineros llegados principalmente de Filipinas, Indonesia, India e Italia. «El marino –añade el delegado– vive en un contexto hostil, siente la lejanía de la familia… De manera natural y espontánea tiene una mayor inclinación a la religiosidad. De hecho, en ningún barco falta la Virgen del Carmen».
      Además, el Apostolado del Mar tiene un acuerdo con la empresa de cruceros Pullmantur para ofrecer servicios religiosos a bordo. «En los barcos siempre hay gente que aprovecha para confesarse con el sacerdote, y hay mucha demanda de celebraciones religiosas, sobre todo de parte de la tripulación, que pasa meses sin pisar tierra». Este año también han inaugurado en la capilla una Puerta de la Misericordia para marineros.
     La actividad de la delegación se completa con la festividad central, que el próximo 16 de julio concentra a todas las ciudades portuarias del mundo: la procesión de la Virgen del Carmen, que durante dos horas recorrerá el puerto de Barcelona. Bajado de Alfa y Omega

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