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domingo, 26 de abril de 2020

Obispo de Tuy-Vigo en 1944



     Fray José López Ortiz 


       Fue obispo de Tuy-Vigo, arzobispo titular de grado y vicario general castrense.
     José López Ortiz nació en San Lorenzo de El Escorial (Madrid) el 10 de julio de 1898. Ingresó en la orden de San Agustín en 1918, y cuatro años después se ordenó sacerdote. Doctor en Derecho, fue una figura destacada por su labor intelectual, especialmente en el ámbito de la historia del derecho. En 1934 obtuvo la cátedra de esta disciplina en la Universidad de Santiago de Compostela. En 1942 se trasladó a la misma cátedra en la Universidad Central de Madrid. Ocupó diversos cargos en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas como director de la revista Arbor, y, más tarde, como vicepresidente del CSIC.
     A partir de 1944, con su nombramiento como obispo de Tuy, ocupa también un lugar de relieve en la Iglesia en España. Participó en el Concilio Vaticano II y desempeñó tareas de responsabilidad en la Conferencia Episcopal, como la presidencia de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis. En 1969 fue nombrado arzobispo titular de grado y vicario general castrense, que ocupó hasta su renuncia, en 1977.
      Ha publicado numerosos estudios sobre la historia del derecho. En enero de 1992 se editó un amplio relato sobre su relación con monseñor Escrivá de Balaguer, que fue presentado en su momento como complemento a su declaración en la causa de beatificación del fundador del Opus Dei. Entre sus publicaciones más conocidas se cuenta su estudio sobre derecho musulmán (1932) y La responsabilidad de los universitarios (1956). Era académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación y miembro del Instituto de España.
      Murió en Madrid el miércoles 4 de marzo de 1992. a los 93 años de edad Sus restos reposan en la Iglesia Arzobispal Castrense de Madrid.       
El Pais  5 de marzo  1992

jueves, 15 de marzo de 2018

Mons Lahiguera en Terranova




Viaje a Terranova
     El segundo viaje a las lejanas tierras de Terranova duró dos semanas (15-28 de abril de1969). Recorrió más de 20.000 kilómetros en 11 aviones distintos (Madrid - Lisboa Montreal - Halifax - Sydney - Saint John - Saint Fierre - Saint John - Halifax- Montreal-Madrid).
    Durante su estancia en Saint Fierre, se tuvo noticia del accidente del bacaladero "Sierra López", en el que perecieron dos españoles y otro resultó herido. El barco con los cadáveres a bordo se dirigió a Saint John, y allá voló don José María a oficiar el funeral por los fallecidos. Ante la imposibilidad de aterrizar por la niebla en Saint John, hubieron de hacerlo en la base norteamericana de Argenier Broad, y por carretera lograron llegar a tiempo para el funeral en Saint John.
     Esta vez la actividad pastoral de don José María sobrepasó el marco de la atención a sus diocesanos. En Terranova el obispo de Huelva actuó como Promotor del Apostolado del Mar en España. Su presencia en Terranova, aparte de saludar a los bacaladeros españoles allí destacados - pasaban de 5.000 -, tenía por objeto, establecer contacto con las organizaciones católicas internacionales interesadas por la atención a los hombres del mar, que suman alrededor de cinco millones, entre los cuales se cuentan más de 200.000 pescadores y 50.000 marinos mercantes españoles.
     En su exhortación pastoral, fechada en Saint Fierre, Terranova, el 23 de abril de 1969, don José María describió como testigo presencial, las deficientes condiciones de vida y de trabajo de los pescadores destacados en Terranova y la lamentable situación psicológica y social, para terminar con un angustioso llamamiento a todos los que pueden y deben sentirse -incluso la Iglesia - responsables de mejorar unas y otras.
      Gracias a su intensa labor en este sector, el Siervo de Dios pudo constatar con satisfacción cómo en pocos años en las principales diócesis costeras (Tuy-Vigo, San Sebastián, Huelva, etc.) se fueron formando grupos sacerdotales dedicados plenamente al difícil y marginado mundo de la mar. Este balance pudo hacerse en septiembre de 1970, cuando se celebraban los 50 años de la fundación del Apostolado del Mar.
      Un año más tarde, el 1971, el Siervo de Dios participó activamente en la reunión de la Organización regional Europea del Apostolado del Mar celebrada en Madrid en los primeros días de mayo, y desde Roma, el arzobispo Mons. Emanuele Clarizio, Pro-Presidente de la Pontificia Comisión de las Migraciones y Turismo, le felicitó cordialmente porque su "participación refleja cada vez más su ya bien conocido interés puesto en práctica en el desenvolvimiento de esta pastoral especializada"28.



Encuentro de D.José María García Lahiguera con los marinos


Obispo Promotor del AM en España
      En 1968 Mnr. José María García Lahiguera (1964-1969) Obispo de Huelva es nombrado Obispo Promotor del AM en España y  en 1969 Arzobispo de Valencia  Por entonces D. José Ignacio Palacio era Director Nacional  del Apostolado del mar  en España
     Ya queda dicho cómo don Pedro Cantero dedicó una especialísima atención a los problemas pastorales de los hombres de la mar, instituyendo el Apostolado del Mar en la diócesis. García Lahiguera no sólo asumió con plena responsabilidad aquellas líneas pastorales, sino que se vio aún más comprometido al ser nombrado  Obispo promotor del Apostolado del Mar en España .
       El Stella Maris se convirtió en el centro de la vida de los hombres del mar de Huelva, tanto de la actividad ordinaria del club y de la escuela náutico pesquera, como de los problemas puntuales o de fondo que les afectaba. El naufragio del pesquero Trincher, que conmocionó a toda la ciudad, tuvo en Stella Maris el lugar más idóneo para instalar la capilla ardiente, siendo oficiados por el prelado los oficios de exequias, el 1 de febrero.
     Siguiendo las sugerencias del equipo sacerdotal que dirigían brillantemente el apostolado del mar en los puertos de las provincia, Huelva, Lepe, Isla Cristina, Ayamonte, emprendió un viaje a Dakar en el mercante Sierra Espuña, como un gesto profético. El obispo, viviendo en un estrecho camarote y compartiendo sus mismas condiciones de vida, hizo patente la preocupación del Pastor por los problemas humanos y religiosos de la sufrida gente del mar. El viaje duró desde el 26 de febrero hasta el 9 de marzo de 1968, y le acompañaron Ignacio Palacios, entonces director de Stella Maris, y José López Boza.
       El viaje a Dakar, a bordo del "Sierra Espuña" de la Compañía Naviera del Norte, duró del 26 de febrero al 9 de marzo de 1968. (Algunos tripulantes:El Capitán era D. M. Aranguren,  también navarro el Jede de Máquinas. D. Manuel López Blanco- Cádiz-  1ºOficial de máquinas D. José Gallastegui de Lequeitio; .D. Guillermo Dolozaga  de Bermeo 1er Oficial cubierta y D. José Santana Serviño de Vew-Galicia
    El lugar de destino - Dakar - fue elegido por el elevado contingente de onubenses que faenaban en aguas del Senegal o trabajaban en el puerto de la capital. Fue precedido de varias reuniones del Prelado con las familias de los pescadores, tanto en Huelva como en otros pueblos costeros (Lepe, Cartaya, Isla Cristina), en las que don José María se fotografiaba con los familiares, hacía grabar cintas con mensajes a los pescadores, y recogía paquetes para entregarlos en Dakar. Así pudo llevar más de 200 fotos, 19 "casetes" con cintas grabadas y más de 100 paquetes que hicieron felices, por unas horas, a aquellos buenos hombres del mar.
El 9 de febrero de 1968, antes de emprender su viaje, dirigió una carta a las familias de trabajadores del mar en la que les dijo:

EUFRASIO CAMPAYO SANCHEZ
Capellán del Stella Maris de Málaga
Juan Zurita
Apostolado del mar en Málaga( fragmento)
Hubo que tardar casi 20 años hasta que otro magnífico sacerdote cogiera el testigo para empezar la segunda etapa del Apostolado de Mar de Málaga, ya nos hemos referido a él, se trata de Eufrasio Campayo Sánchez que había nacido por tierras manchegas y en particular en la provincia de Albacete.
En la primera parte de su vida sacerdotal nada preveía que se iba a dedicar a la mar. Después de varias parroquias fue destinado a Suiza para estar con los 150.000 españoles (más de la mitad gallegos) que estaban como emigrantes en ese país. Según me confesó un día tuvo que hacer más labor social que pastoral y es que bajo la capa de un país muy acogedor y tolerante se escondía no pocas injusticias, él contaba que había muchos emigrantes que se veían obligados a dormir en el interior de las fábricas o granjas donde trabajaban, incluso el gobierno habilitó locales debajo de las autopistas donde tenían que vivir estos trabajadores en medio de un ruido infernal. También le dio tristeza ver en algún bar letreros de “no se admiten emigrantes”, muy pocos, es cierto, pero  nadie les obligaba a quitar e infamante cartel. Por eso con ocasión de que en cierta ocasión fue invitado el obispo brasileño Helder Cámara, de la Teología de la Liberación a dar una serie de conferencias por el país y aprovechando que tuvieron un encuentro  y se cayeron mutuamente bien, en una de esas conferencias, fue invitado Eufrasio a hablar para que diera sus puntos de vista sobre la emigración. Eufrasio aprovechó la ocasión y denunció lo que ya hemos reseñado, dejando a las autoridades presentes con la boca abierta. Pusieron una queja a España y Eufrasio se vio obligado a abandonar el país helvético.
Su punto de inflexión se produjo con la visita a un gran amigo que tenía en Hondarribia (Guipúzcoa) y que era armador de barcos de pesca. Allí le invitaron a hacer una marea en un pesquero y la experiencia debió de serle muy positiva, hasta tal punto que creyó que ese sería su destino: dedicarse al Apostolado del Mar con toda su  alma. De inmediato pidió una diócesis con costa con objeto de llevar a cabo su misión. Los malagueños tuvimos la enorme suerte que escogiera Málaga para venirse aquí como sacerdote.